Ni corona ni virus (1)

¡Hola! Hace más de dos meses que no escribo en el blog. ¿Porque Madrid ya no me inspira? ¿Porque ya no callejeo disfrutando de la ciudad? ¿Porque estoy cansada de tanta comunicación virtual? ¿Porque me falta el estímulo que es siempre la compañía de mis amigos? Pues un poco de todo, la verdad.  Hemos pasado muy malos tiempos y seguimos pasándolos, y me he dado cuenta de que, en una situación

Bitte keine Grammatik!!

El otro día, haciendo limpieza en el ordenador me encontré con un texto que escribí en alemán hace ya diez años. En aquel entonces estaba en Berlín, y como trabajo fin de curso en la escuela de idiomas a la que iba mi profesora nos mandó escribir un pequeño periódico. No lo he encontrado entero, pero no tenía desperdicio, se llamaba “Die Hausschuhe von Nike”, “Las zapatillas de estar por casa de Niké”, que es la diosa griega que hay representada en la puerta de Brandemburgo, y por favor, se pronuncia Niké. Su homóloga romana era Victoria. No tengo ni idea de por qué le pusimos ese nombre al periódico, ya no me acuerdo, pero veo mi mano en esa decisión; es mega épico, me encanta.

La cuadriga de la puerta de Brandemburgo y la diosa griega Niké.
El texto tiene muchos fallos, y algunas frases no las entiendo del todo bien. Ya no recuerdo lo que quería decir en cada oración, pero está lleno de ironías y frases con doble sentido muy españolas, pero alemanizadas.

Recuerdo que a mi profesora le encantó, y teniendo en cuenta que lo escribí cuando llevaba aprendiendo alemán desde hace poco tiempo, estoy bastante orgullosa de él. Fue el texto más largo que escribí yo sola.

En una parte escribo el Konjunktiv como Susanne I y Susanne II, ese era el nombre de mi profesora, pero no sé porqué lo nombré así. Igual hacía poco que lo estudiamos, y fue mi homenaje.

El artículo se llama Bitte keine Grammatik!! y trata sobre la gramática alemana, y lo placentero que resulta estudiarlo. Espero que lo entendáis. Y, decidme, ¿compartís mi opinión sobre la gramática alemana?

Bitte keine Grammatik!! 

Wenn man Deutsch lernen möchte, dann sagt man auch „ja“ zur Grammatik.
Aber, was ist Grammatik? Grammatik ist wie ein Teufel mit vielen Einzelheiten. Der Teufel steckt sich im Detail. 


Am Anfang, wenn du in die Deutschesprache hiningehst, beginnen die Probleme: die kleinen süßen Worte „der“, „die“ und „das“. Sie sind verräterisch. Das erste Mal dass du sie begegnen, merkst die Verkleidung nicht. Sie scheinen wie ein kleinen und süßen Bär zu sein. Aber der Bär kann kratzen, weil man immer „der“, „die“ und „das“ braucht um einen korrekten Satz zu bauen.

Wenn sie im Kopf sind, muss man „Zum Glück“ etwas Neues lernen: unsere lieben Nominativ, Genitiv, Dativ und Akkusativ. Danach fühlt sich dein Gehirn wie ein Seil in ein Sack; alles ist durcheinander.

Im Moment können wir nur im Präsenz sprechen, und jetzt müssen wir weiter im Text; dafür brauchen wir Zeit-Formen. Und das ist der Tropfen, der das Fass zum überlaufen bringt. Wir können nicht immer im Präsenz sprechen, und aus diesem Grund müssen wir in das Zeit-Formen-Labyrinth eintreten, und vielleicht nie mehr heraus können.

Das Präsens zum Sprechen ist wie ein Curry Wurst zum essen, es ist gut und einfach.

Die anderen vier Zeit-Formen sind: 

-Das„wunderbar“ Partizip Perfekt: Das ist die komplizierte Vergangenheit. Wir müssen das Verb ans Ende werfen und es nicht vergessen in einem langen, langen, laaaaaaagen Satz.


-Das „kleine“ Präteritum: Das kleine Präteritum ist immer in einem Winkel: die Humanität vergisst es immer, und nur erinnern in Vergangenheit zu schreiben.

-Das zukünftige Futur. Es ist eine ruhige Insel im Zentrum von einem wütenden Meer. Es ist immer gut zu wissen, was man morgen machen muss.

-Unser lieber Konjuntiv: Susanne I und Susanne II. Diese Zeit-Formen brauchen keine Vorstellung. Wenn wir es benutzen möchten, verwandeln sie sich in der verrückten Hutmacher.

Der verrückte Hutmacher, el Sombrerero loco de Alicia.
Mit Susanne I muss man Abstand halten.

Susanne II ist sehr höfflich und wir träumen zusammen mit ihr.

Wir haben die Grammatik schon gelernt. Aber wenn ein Problem weniger ist, kommen drei neue: Wortschatz, Präpositionen und Konnektoren.

Wortschatz ist die Welt wo die kleinen süßen Worte „der“, „die“ und „das“ liegen. Ein Fluss der nie endet.

Dann kommen wir zu dem großen gemischten Topf; dort haben wir Präpositionen und Konnektoren, die den Satz erst würzen: die „Salz und Pfeffer“. Sie verbinden viele Zutaten wie ein Schneeball miteinander.

Trotzdem die Grammatik so schwer wie im Himalaya klettern ist, müssen wir wie eine Ameise studieren.

*

Mirando el alemán desde otro punto de vista, cuando ya llevo diez años estudiándolo, me doy cuenta de que por aquel entonces estaba mucho más concentrada en escribirlo bien, sin fallos, declinando los adjetivos y poniendo mucha atención a las preposiciones. Ahora he dejado todo eso muy de lado y me centro más en que la conversación fluya con naturalidad. Aunque si le dedicase un poco más de tiempo, mis frases serían mucho más correctas…

También me ha sorprendido la gran cantidad de frases o expresiones españolas que intento plasmar. Y me resulta curioso porque yo aprendí alemán en alemán; no me compré un diccionario español-alemán hasta que no llevaba un año estudiando el idioma, porque mis profesores nunca me hablaron en español, me enseñaron alemán con dibujos, tarjetas con imágenes y muchísima mímica.

Espero que mi artículo, digno del periódico „Die Hausschuhe von Nike“, os haya gustado.

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08/15

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Un saludo.

Las 4 fases del inmigrante
Quienes se han mudado de ciudad alguna vez saben que la adaptación no siempre es fácil. Hay varios estudios que demuestran que el choque cultural es real, como el de Gullahorn, J. T. y Gullahorn, J. E. que data de 1963 y que divide la adaptación en cuatro etapas diferentes. Aunque en este blog solemos hablar de la adaptación de los hispanohablantes a Alemania, estas etapas podemos extrapolarlas a cualquier inmigrante que se mude a otro país, o ciudad, diferente. 

Voy a tomar la idea de la Gullahorn u curve, pero la ampliaré con otros datos que recopile, así como con mi propia experiencia y la de muchos otros inmigrantes que conozco.

Fase uno: Luna de miel

En esta fase las diferencias culturales no nos molestan, incluso nos pueden llegar a resultar graciosas, curiosas y hasta quedar fascinados con ellas. Todo se ve desde un punto de vista idealizado. La intriga y emoción de comenzar en un nuevo lugar nos motiva a vivirlo todo con mucha intensidad.

Esto es típico en los turistas; pasan poco tiempo en ese país, socializan algo con la gente y terminan enamorados del lugar. A pesar de que solo han visto la punta del iceberg, el lado bonito de esa cultura.

En el caso de la gente que se muda para vivir, esta etapa acabará en algún momento, aunque no hay un tiempo predeterminado, depende de la capacidad de adaptación de la persona, de lo diferentes que sean las culturas, de la buena o mala suerte que se tenga al conocer a la gente que allí vive, y un muy largo etcétera.

Yo viví en Berlín durante cinco meses, y aunque el primero fue duro, como todos los primeros meses en un lugar nuevo, creo que hasta el final del cuarto no empecé a ver esas pequeñas cosas que me molestaban de la ciudad. Estuve casi los cinco meses en esta fase de luna de miel, y, de hecho, el recuerdo que tengo de mi estancia en Berlín es muy bonito.

Fase dos: Choque cultural

También llamada fase hostil. Es la época crítica. Donde nos damos de lleno con la nueva realidad que nos rodea. Nos fijamos en todas las diferencias que hay entre nuestro país y este sitio nuevo, todavía desconocido; y esas diferencias nos molestan.

Las costumbres ajenas nos irritan. Aparecen por primera vez los estereotipos y los prejuicios; se piensa que la gente local es fría, son antipáticos o desagradables. Se extraña el hogar, los amigos y el entorno al que estábamos acostumbrados.

La burbuja se rompe y no sentimos ninguna conexión con el nuevo entorno.

Es una fase dura y complicada de la que muchos no consiguen salir. Algunos regresan a casa sin haberse adaptado; quedan estancados en esta fase que ha podido con ellos. Otros sufren durante años, luchan a contracorriente y acaban hastiados con todo.

Creo que todo inmigrante ha pasado por esta etapa, algunos han durado más, otros menos, y algunos fluctúan entre esta y la siguiente sin llegar a dejarla atrás de manera definitiva. 

Fase tres: Aceptación e integración

Algo encaja en nuestro cerebro, aceptamos las diferencias culturales y empezamos a ver el lado bueno del nuevo entorno. Un lado bueno que no está idealizado como en la primera, sino que empieza a calar dentro de nosotros y nos produce sensaciones agradables.

Las emociones positivas y negativas se van intercambiando, pero, por lo general, estamos mucho más abiertos a todo lo que nos rodea.

Empiezas a comunicarte mejor con la gente, a entenderlos y darte cuenta de que esas diferencias culturales no son tan abismales o imposibles de salvar como habías pensado.

Si el inmigrante se encuentra en un país con un idioma diferente al suyo materno, esta fase llegará cuando se empiece a dominar mejor la lengua. Pues eso nos hace sentir más seguros, lo que nos da la posibilidad de interactuar con la gente y conocerlos. Ser capaz de hablar el idioma del país en el que nos encontramos nos brinda paz y tranquilidad, y eso es imprescindible para llegar a la última fase.

Fase cuatro: Adaptación

La nueva cultura ha dejado de ser nueva, incluso hemos adaptado a nuestra vida cotidiana algunas de las costumbres de ese país o ciudad. Ya no hay choque cultural, pues aunque no conocemos todas las tradiciones, cuando nos encontramos con algo desconocido no lo vemos con malos ojos.

Para poder llegar a esta fase hay varias cosas esenciales que debemos conocer:

  • El idioma.
  • El entorno, es decir, la ciudad en la que vivimos, o al menos nuestro barrio.
  • Gente. Tener amigos, no conocidos. Abrir la agenda del móvil y encontrar, como mínimo, una persona a la que poder llamar y con la que tomarnos un café esa misma tarde.

Está claro que un trabajo estable, bien remunerado y con buenas condiciones ayudará a que la adaptación sea mejor. Al igual que una vivienda cómoda y bien situada, pero sin tener las tres antes mencionadas, será imposible que podamos llegar a adaptarnos a un nuevo lugar.

Cambiar de ciudad o país es algo a lo que muchos temen, pero también es una oportunidad para aprender cosas nuevas, ampliar nuestros límites y salir de esa burbuja de confort a la que estamos acostumbrados. No es sencillo, nadie dijo que lo fuera, pero con voluntad, predisposición y tiempo, la adaptación es posible.

Algunos tienen más facilidad que otros y comparase con la gente que se encuentra en una situación parecida a la nuestra no es la mejor manera de afrontar la situación. Si en algún momento necesitáis ayuda para sobrellevarlo, nunca dudéis en hacerlo. Eso no os hará menos válidos; pedir ayuda nunca será un símbolo de debilidad, sino de conocerse a uno mismo, ser consciente de dónde están nuestros límites y tener la valentía de dar el paso para superarlos.

No estoy segura de si está aceptado por el Colegio de Psicología, pero hay algo llamado Síndrome del Emigrante o Síndrome de Ulises: cuadro psicológico que afecta a los inmigrantes ante la soledad, el estrés, el miedo, y la tristeza que genera la situación de dejar el país y adaptarse a otro.

Lo dicho. 

Qué hacer para evitar el choque cultural

Lo primero de lo que debemos mentalizarnos es que no vamos a poder evitar el choque cultural. En cuanto salimos de nuestra zona de confort estamos expuestos a situaciones nuevas, tradiciones que no conocemos y formas de hacer las cosas diferentes. Es inevitable que haya cosas que nos choquen, que nos parezcan extrañas o hasta una locura, pero la única manera de adaptarse, y no sufrir día tras día, es tener la mente abierta y estar dispuestos a aprender.

Lo que nosotros hemos estado haciendo durante toda nuestra vida no tiene que ser la única manera posible de hacerlo. Hay que saber ver el lado bueno, no juzgar otras culturas o maneras de pensar, escuchar, observar, y tener la predisposición para aceptar aquellas tradiciones que nos parecen raras, y adaptar a nuestra vida aquellas que nos benefician.

Evitar los prejuicios, ser consciente de que nuestra forma de hacer las cosas no es la única correcta y no dejarse llevar por los comentarios negativos, que muchas veces vendrán de gente anclada en la fase dos, harán que el duro y largo proceso de la adaptación sea más llevadero.

Yo llevo ya más de ocho años en Alemania, he pasado por todas las fases y creo poder decir que hace un tiempo que llegué a la fase cuatro. La paz mental que da aceptar la cultura en la que vivimos, no luchar contra ella, sino intentar convivir y adaptarnos al entorno, es increíble. Es una mera cuestión de supervivencia, no podemos cambiar a un país entero porque a nosotros no nos gusten algunas tradiciones, manías o formas de hacer las cosas, así que, o te adaptas, o te mueres de asco. No manejo el alemán al 100%, y nunca lo haré, tampoco conozco todas las tradiciones del país, y dado que estoy casada con un español habrá muchas cosas que me pierda, pero eso no me impide disfrutar del país y de todas las cosas buenas que ofrece.

No es perfecto, ¿qué país lo es? Pero ahí es donde reside la tranquilidad de la fase cuatro, cuando uno es capaz de ver los dos lados, aceptar lo bueno, y no prestar mucha atención a lo que no lo es tanto. No lo vas a poder cambiar, es así, es una tradición, una forma de ver la vida, siempre se ha hecho de esa manera, y no lo van a cambiar para ti.

Espero que la gran mayoría de vosotros ya hayáis superado la horrible fase dos, mucho ánimo, con algo de esfuerzo y voluntad, todo pasa.

¿Conocíais esto de las cuatro fases del inmigrante?

Contadme, ¿en qué fase os encontráis?

La idea de hacer esta entrada surgió al ver un vídeo del canal de Kira-sensei donde hablan de estas fases pero enfocadas al inmigrante que se muda a Japón, os dejo el vídeo.

Bibliografía:

Vídeo de arriba del canal de Kira Sensei.
Entornoturistico
Nmnoticias

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Si quieres informarte más sobre Alemania, como es la vida en este país o qué es lo que se necesita para emigrar aquí pincha en este enlace: Emigrar a Alemania.

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¡Un saludo!

Robert Koch Institut

Aquellos que vivimos en Alemania llevamos varios meses escuchando hablar del Robert Koch Institut, el centro que se está encargando de recopilar, informar y dar las directrices a seguir en esta pandemia que estamos viviendo.

Pero, ¿qué es este centro? ¿Quién lo fundó?

El RobertKoch Institut, abreviado como RKI, es una agencia del gobierno alemán y el instituto de investigación responsable del control y prevención de enfermedades. Fue fundado en 1891 y toma el nombre de Robert Koch, premio Nobel de medicina por sus investigaciones sobre la tuberculosis. Hace tiempo escribí una entrada sobre este señor al que no muchos conocen, pero que tuvo una gran importancia en el ámbito de la medicina. Aquí os dejo la entrada: Robert Koch.

Volviendo al Robert Koch Institut, como ya hemos dicho se fundó en 1891, para ser más exactos, el 1 de julio, cuando el “Königlich Preußische Institut für Infektionskrankheiten” (Real Instituto Prusiano de Enfermedades Infecciosas) se instaló en un edificio residencial de la Schumannstrasse en Berlín-Mitte.

Robert Koch Institut Schumannstrasse en Berlín-Mitte
Robert Koch Institut Schumannstrasse en Berlín-Mitte

En 1900 se trasladó al edificio que aún siguen ocupando en la actualidad en Berlin-Wedding. Mantuvo su nombre original hasta 1912, cuando se cambió a Robert Koch Institut. En este año se cumplían los 30 años del descubrimiento de Robert Koch del bacilo de la tuberculosis. Aunque para ese entonces el científico, que fue presidente de la agencia desde su fundación hasta 1904, hacía dos años que había fallecido.

La Segunda Guerra Mundial no pasó indiferente por esta agencia. Todos los científicos y médicos judíos tuvieron que abandonar sus puestos de trabajo y el instituto estuvo muy relacionado con los experimentos en humanos que se realizaron en los campos de concentración y en diferentes instituciones psiquiátricas. El propio presidente de la institución de esa época, Eugen Gildemeister, estuvo involucrado en algunas pruebas con tifus realizadas a prisioneros en el campo de concentración de Buchenwald.

Entre el 2006 y el 2008 un grupo de historiadores del instituto de Historia de la medicina del Charité de Berlín, el hospital más grande de Alemania, investigaron el papel del RKI durante la época del nacionalsocialismo. El objetivo del proyecto, iniciado y financiado por el mismo Robert Koch Institut, era investigar las actividades científicas y políticas de este centro en esos años de la manera más completa posible y sin ningún sesgo institucional. Los resultados fueron publicados en el libro Das Robert Koch-Institut im Nationalsozialismus , «El Instituto Robert Koch bajo el Nacional Socialismo». En 2011 se construyó un monumento en honor y memoria de esta cruel época de la historia alemana, y con él salió un libro que se puede consultar de manera íntegra y gratuita desde la propia página del instituto: Das Erinnerungszeichen Robert Koch-Institut – mit offenen Augen. Das RKI in der Zeit des Nationalsozialismus. Eso sí, solo en alemán.

Das Erinnerungszeichen Robert Koch-Institut – mit offenen Augen. Das RKI in der Zeit des Nationalsozialismus

En 1952 el instituto pasó a formar parte del recién creado Bundesgesundheitsamtes, el Ministerio de Salud, y unos años más tarde se inició la producción de la única vacuna contra la fiebre amarilla autorizada por la OMS en Alemania. La vacuna tardó más de 40 años en ver la luz, y no estuvo disponible hasta el 2002.

Cuando en 1982 se dieron los primeros casos de SIDA en Alemania, se estableció un registro de esta enfermedad.

Tras la caída del Muro de Berlín algunos miembros de la antigua DDR pasaron a formar parte del instituto. Además, se anexionaron dos centros: el Instituto Central de Higiene, Microbiología y Epidemiología en Berlín-Schöneweide y el Instituto de Epidemiología Experimental en Wernigerode. A día de hoy este último sigue existiendo como centro del RKI.

En 1998 se llevó a cabo un estudio de gran importancia sobre el estado de salud de la población adulta del país. Los niños y adolescentes tuvieron que esperar hasta el año 2003 para tener un estudio sobre ellos. Y unos años más tarde, junto con la Oficina Federal de Estadística, se encargaron de realizar informes de salud de todos los habitantes.

En el 2001 se convirtió en la institución central en Alemania para detectar y gestionar amenazas bioterroristas y en el 2007 se le confió oficialmente el control de la salud de todos los habitantes del país. Desde entonces el instituto recopila continuamente datos sobre la incidencia de enfermedades y el comportamiento de riesgo en todos los grupos de edad de la población que vive en Alemania.

En 2014 un grupo de 50 empleados fueron enviados a África Occidental para ayudar a contener el mayor brote de ébola de la historia hasta la fecha.

En 2016 se cumplió el 125 aniversario de su fundación, para ese entonces más de 1000 personas trabajaban en los cuatro centros del instituto repartidos entre Berlín y Wernigerode, entre ellos, más de 400 científicos.

En 2017 se publicó un documento llamado “RKI 2025: Public Health in Zeiten von Digitalisierung und Globalisierung”, (Salud pública en tiempos de digitalización y globalización), en el que anunciaron que el Robert Koch Institut ha comenzado a adaptar sus estructuras y métodos de trabajo a los desafíos actuales a los que se enfrenta la salud pública, tanto a nivel nacional como internacional. La estrategia que quieren seguir se basa en varios valores: Evidenz erzeugen – Wissen teilen – Gesundheit schützen und verbessern. (Generar evidencia – Compartir conocimiento – Proteger y mejorar la salud). Con este proyecto prevén, entre otras cosas, ampliar los métodos y la infraestructura para la epidemiología digital y la salud pública.

Robert Koch

Estudiantes más relevantes del Robert Koch Institut:

Bernhard Nocht, médico portuario y médico tropical. En 1892 fue el enviado de Robert Koch a Hamburgo para luchar contra el cólera. Fundó en Hamburgo el Hamburger Bernhard-Nocht-Instituts für Tropenmedizin, (instituto para medicina tropical).

Friedrich Loeffler, médico y cofundador de la virología. Sus más importantes contribuciones fueron el descubrimiento del organismo que provoca la difteria y el del causante de la fiebre aftosa. También fue el creador del plasma sanguíneo coagulado utilizado para la detección de las bacterias. Fue el fundador del Instituto Friedrich Loeffler de Sanidad Animal en la isla de Riems. Fue el presidente del Robert Koch Institut entre los años 1913 y 1915.

Emil von Behring, inmunólogo y serólogo que desarrolló sueros contra la difteria y el tétanos. Fundó el Behring-Werke en Marburg y ganó el premio Nobel de Medicina en 1901.

Paul Ehrlich, médico e investigador. Es el fundador de la quimioterapia, desarrolló fármacos contra la sífilis y sueros contra la difteria. Fue premio Nobel de Medicina en el 1908. El Instituto Federal de Vacunas y Medicamentos Biomédicos lleva su nombre.

Georg Gaffky, bacteriólogo e higienista. Estuvo muy centrado en la fiebre tifoidea y fue uno de los mayores colaboradores de Robert Koch en sus descubrimientos.

Paul Frosch, bacteriólogo y cofundador de la virología. Aisló el patógeno de la fiebre aftosa, luchó contra la malaria, la peste y la fiebre tifoidea.

Shibasaburo Kitasato, bacteriólogo. Demostró la eficacia de los sueros contra el tétanos y la difteria. Es conocido por ser el codescubridor del agente infeccioso de la peste bubónica en Hong Kong en 1894, casi de manera simultánea con el biólogo suizo Alexandre Yersin. Fundó el Kitasato-Institut en Tokio.

Lydia Rabinowitsch-Kempner, microbióloga. Demostró que los bacilos de la tuberculosis se transmiten a través de la leche de vaca. En 1912 obtuvo el título de Profesora en Berlín, la primera mujer que llegó a tenerlo.

*

Esto es un resumen bastante amplio de lo que es la institución y a qué se dedica. Como vemos, están focalizados en la investigación y seguimiento de muchas enfermedades. Toda la información la he tomado de la página del propio Robert Koch Institut.

Espero que os haya parecido interesante.

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¡Un saludo!