¿Cuál es tu nivel de dolor por no saber inglés?

¿Cuál es tu nivel de dolor?

No me refiero a un dolor físico.

Hablo de ese dolor sutil, constante, que aparece cuando no sabes inglés tan bien como te gustaría.

Cuando ves pasar oportunidades.

Cuando te quedas en silencio en reuniones.

Cuando sientes que “podrías estar en otro lugar” si hablaras inglés fluidamente.

Cuando era pequeña lloraba por muchas cosas, y una de ellas era el dolor de vivir en un lugar que no era el mío.

Me sentía fuera de lugar, diferente. Pero a la vez que lloraba… aprendía.

Aprendí idiomas, a ser multicultural, a entender otras formas de pensar, a conectar con personas de muchos países, a trabajar en entornos multinacionales, a tener la mente más abierta.

El dolor fue, sin saberlo, mi maestro.

Ahora pienso en los adultos que llevan años diciendo que quieren mejorar su inglés.

Que saben que lo necesitan.

Que hasta han invertido dinero y tiempo.

Pero ahí siguen. Donde estaban.

Y me hago una pregunta:
¿Les duele de verdad no saber inglés?
¿O ese dolor, aunque existe, todavía no es tan fuerte como para actuar?

Porque cuando el dolor de no saber inglés es menos intenso que el dolor de vivir sin hablarlo… no pasa nada.
Te quedas donde estás.
Hasta que un día pasa algo: ese dolor aumenta.

  • Aumenta cuando ves que el ascenso no fue para ti.
  • Aumenta cuando los proyectos internacionales no cuentan contigo.
  • Aumenta cuando los demás avanzan y tú sientes que te estancas.

Ese aumento no es malo.

Es la señal.

Es el empujón que estabas esperando.

Cuando por fin te duele lo suficiente, actúas.

Y al actuar, mejoras.

Y al mejorar, te sientes capaz.

Y al sentirte capaz, descubres que el inglés ya no es un problema: es una ventaja.

Si estás listo para transformar ese dolor en acción tienes que saber que:

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En tu ritmo.

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En tus metas.

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La maravillosa historia de Ashly con el inglés

Hoy quiero contarte la historia de Ashly, una de mis alumnas, porque es de esas que inspiran y te recuerdan que aprender inglés sí es posible si de verdad lo decides.

Ashly es venezolana.

Cuando llegó a mis clases en España tenía un nivel A2.

Trabajaba como contable en una empresa y estaba muy valorada. De hecho, el dueño no quería que se marchara.

Pero Ashly tenía claro que si quería progresar en inglés, tenía que dar un paso valiente: dejarlo todo y empezar de cero en Irlanda.

Se apuntó a un curso de 6 meses, con 3 horas diarias de inglés en un grupo de 10 personas.

Cambió su puesto de contable por un trabajo como limpiadora en un hotel, donde tenía que comunicarse siempre en inglés.

Además, alquiló una habitación en Dublín compartida con una chica de Taiwán, lo que la obligaba a hablar inglés las 24 horas del día.

Ashly no desaprovechó ni un solo momento: en clase, en el trabajo, en casa… cada ocasión era buena para practicar inglés.

Hoy, a finales de octubre, vuelve a España con un nivel B1 sólido, después de solo 6 meses de inmersión total.

Y ahora continúa conmigo, con dos clases semanales para seguir creciendo.

Su historia refleja una verdad incómoda:

Siempre que quieres mejorar, al principio toca ir hacia abajo. Puede que pierdas dinero, dejes un entorno cómodo o te sientas fuera de lugar.

Pero cada vez que decides tirarte a la piscina y decir sí al cambio, progresas mucho más de lo que imaginas.

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Juntos trazaremos el camino que te llevará a tu propio “antes y después” con el inglés.

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EXPRESIONES IDIOMÁTICAS CON “EN” EN FRANCÉS

      El pronombre neutro “en” se utiliza para reemplazar un grupo de palabras seguidas de la preposición “de”, de un articulo partitivo o de un artículo indefinido. “En” se utiliza en muchas expresiones idiomáticas. He aquí unos ejemplos : Ne pas en revenir  parecerle increible a uno, estar estupefacto Me parece increíble que … Lire plus

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¿Por qué muchos fracasan en su intento de aprender inglés?

Te lo cuento con un ejemplo real.

Hace algunos años tuve un alumno que era profesor universitario y había montado una consultora.

Necesitaba con urgencia mejorar su inglés para presentaciones con clientes extranjeros.

Compró un curso intensivo de verano en julio.

Todos los días laborales tenía inglés.

En teoría, el alumno perfecto: motivado, con un plan perfecto, profesional de prestigio que se lanzaba a la aventura del mercado internacional.

Pero al final del mes, abandonó las clases. No podía más. Saturado de trabajo y clases.

¿Aprendió algo? Sí, un poco.

¿Consiguió lo que quería? No.

¿Cuál fue el error?

No tener un propósito en inglés alineado con su plan de vida.


El error más común

Esto es como ir al casino y apostar todo tu dinero a un número.

Las probabilidades de acertar con un solo tiro son mínimas.

¿Qué debes hacer en lugar de jugarte todo a un solo número?

Diseñar un sistema, no una apuesta.

  • Empieza por el porqué: define qué quieres del inglés (ej.: pasar una entrevista en 3 meses) y por qué te compensa ahora.

  • Valida el encaje con tu plan de vida (12–24 meses): tiempo real disponible, coste/oportunidad y beneficios.

  • Si encaja, conviértelo en prioridad operativa: bloquea horas fijas, ritual diario de 15–20 minutos, elimina fricciones (material listo, horario fijo) y fija hitos medibles con fechas.

  • Si no encaja, decide: o reconfiguras tu plan (liberas tiempo/renuncias a algo) o pospones sin culpa. Lo que no es prioridad se convierte en hobby.

Cadena lógica:

  • Sin encaje → no es prioridad → lo tratas como hobby → avanzas poco → te frustras.

  • Con encaje → prioridad → hábito + foco → progreso medible.


Cuando el propósito NO encaja.

Pensemos en José.

Trabaja de administrativo en una pequeña empresa y decide estudiar inglés porque “suena bien” ponerlo en el currículum.

No tiene que cambiar de trabajo ni usarlo en su empresa, pero «quizás en el futuro lo necesite».

Con esta idea se apunta a un curso online.

Va a clases cuando se siente con ganas.

Como ve que no avanza mucho, se frustra y lo deja.

En su plan de vida, el inglés no tiene un lugar real.

Y al no ser prioridad, terminó tratándolo como un pasatiempo.


Cuando el propósito SÍ encaja

Ahora imagina a Michaela, una bióloga que ha decidido mudarse al Reino Unido porque su pareja trabaja allí.

Ella sabe que para integrarse en la vida del país y poder optar a un buen puesto en una empresa internacional, necesita inglés fluido.

Su plan de vida es claro: mudanza, adaptación a un nuevo entorno, desarrollo profesional en un mercado global.

Aquí el inglés no es un hobby: es una prioridad.

Cuando tu propósito está alineado con tu plan de vida, el inglés se convierte en gasolina para avanzar incluso cuando llegan el cansancio o la frustración.


Preguntas clave

Antes de lanzarte a aprender inglés, hazte estas preguntas:

  1. ¿Qué quiero conseguir académica o profesionalmente con el inglés?

  2. ¿Necesito el inglés para alcanzar un objetivo concreto (trabajo, estudios, publicaciones, ventas, mudanza)?

  3. ¿Ese objetivo forma parte de mi plan de vida para los próximos años?

  4. ¿Estoy dispuesto a comprometerme a largo plazo con el inglés, más allá de un curso intensivo?

  5. ¿Qué pasará si no aprendo inglés? ¿Afectará a mis oportunidades o a mi proyecto de vida?

  6. ¿Es el inglés ahora mismo una prioridad en mi vida, o simplemente un hobby?


El inglés se construye día a día, con propósito, constancia y, sobre todo, con prioridades claras.

➡️ Si quieres que el inglés pase de ser un hobby a convertirse en una prioridad que te abra puertas, agenda una Asesoría de inglés Gratuita de 20 minutos.

Te ayudaremos a diseñar un plan que encaje de verdad con tu vida y tus objetivos.

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Hablar claro es mejor que sonar como un nativo

Muchos alumnos me confiesan lo mismo:

«Quiero sonar como un nativo.»

Y yo siempre les digo: No.

Lo que necesitas es que te entiendan en una reunión o presentación.

Piensa en esto: ¿qué prefieres?

¿Un inglés con acento pero claro y convincente, o un inglés perfecto de academia que nadie entiende porque hablas enredado, sin pausas y con frases kilométricas?

La respuesta es obvia.

Hablar claro es mejor que sonar nativo. Y para lograrlo, necesitas 5 pasos muy concretos:


1. Ordena las ideas en tu cabeza

Si improvisas, te saldrá como un churro.
Antes de una reunión, anota 3 puntos clave que quieres decir y ponlos en orden.
Ejemplo:

  • Saludar y contextualizar.

  • Exponer el problema.

  • Proponer la solución.

Eso basta. Con tres ideas claras, reduces el riesgo de perderte.


2. Usa frases cortas

Ni se te ocurra traducir literalmente una parrafada que podrías soltar en español.
En inglés no funciona.

Fatal: «Como ya os dije la semana pasada, el motivo principal por el cual creo que este cambio debería hacerse cuanto antes es porque tenemos poco tiempo para adaptarnos al nuevo sistema y, si no lo hacemos ahora, luego será imposible.»

Mejor: «As I said last week, we need this change soon. We have little time to adapt. If we don’t do it now, it will be impossible later.»

Lo notas, ¿verdad? El mensaje llega mucho más directo.


3. Modula la voz y haz pausas

No te embales.

Hablar deprisa te hace sonar nervioso y, peor aún, incomprensible.

Las pausas son tus aliadas:

  • Te dan aire.

  • Dan tiempo a los demás para procesar lo que dices.

  • Te hacen sonar más seguro.


4. Elimina los “ahhh”, “ehhh”

Todos los usamos, también en español, pero en inglés suenan aún más inseguros.

Cámbialos por pausas cortas o frases de apoyo como:

  • “Let me think.”

  • “That’s a good question.”

  • “What I mean is…”

Parecerás más profesional y ganarás tiempo para organizar la idea.


5. Practica, practica, practica

Esto no se entrena leyendo un blog ni viendo Netflix.
Necesitas decirlo en voz alta, una y otra vez.
Ensaya tu presentación frente al espejo, grábate con el móvil, repite hasta que te salga con naturalidad.


Bonus: No te obsesiones con el acento

Tu acento no es un problema.

De hecho, muchas veces es una señal de que hablas varios idiomas (¡y eso es una ventaja en el mundo laboral!).

El problema real es cuando no te entienden.


Hablar inglés no es sonar como un actor de Hollywood.

Es comunicar con claridad, convencer, lograr acuerdos y que tus ideas lleguen a la mesa.

 Y eso se consigue con práctica, estructura y confianza.


¿Quieres que preparemos juntos tu próxima presentación en inglés para que sea clara, directa y profesional?

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Si esperas a tener ganas de aprender inglés, vas listo

La gente me dice:

“Mónica, es que no encuentro la motivación.”

Pues claro que no.

La motivación es como un gato callejero: aparece cuando quiere y se larga sin avisar.

Si tu inglés depende de eso, ya puedes ir buscando otra excusa para dentro de seis meses, porque seguirás igual.

Lo que funciona no son las ganas.

Lo que funciona son los hábitos.

Mira:

  1. El café de la mañana.
    Si ya lo tomas cada día, asócialo a tu inglés.
    Cinco minutos mientras desayunas para leer un correo en inglés, escuchar un podcast, repetir frases en voz alta.
    No más tiempo, no menos. Lo importante es que sea diario.

  2. El sitio.
    Un rincón de tu mesa, del sofá, de tu escritorio.
    Siempre el mismo lugar.
    Cuando te sientas ahí, tu cerebro entiende: “ahora toca inglés”.
    Es como tener un botón automático.

  3. La hora.
    Ponlo en tu agenda.
    No cuando te apetezca, no “si sobra tiempo”.
    Diez minutos al día, todos los días.
    La clave no es la duración, es la regularidad.

Y entonces ocurre lo que nadie te cuenta:

Dejas de luchar contigo mismo.

Dejas de pelear con la pereza.

El inglés se convierte en una parte más de tu día, como ducharte, cepillarte los dientes o mirar el móvil antes de dormir.

Ahí es donde empieza el progreso real.

¿Sabes qué me dicen muchos alumnos después de un mes conmigo?

  • Que hablan con más seguridad.
  • Que entienden mejor a los clientes.
  • Que han perdido la vergüenza en reuniones.
  • No porque se levantaran un día con una motivación arrolladora.

Sino porque crearon un hábito.

Y yo les enseñé cómo hacerlo sencillo, natural y, sobre todo, efectivo.

Yo trabajo así:
Clases por videoconferencia, adaptadas a tu profesión, a tus reuniones, a tus clientes.
Nada de teoría inútil.
Nada de ejercicios de relleno.
Solo lo que necesitas para sonar claro y profesional en inglés.

Y sobre todo, ayudarte a que tu inglés no dependa de las ganas, sino de un hábito que te lleve en piloto automático.

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El eterno procastinador del inglés

Martes, 8:00 de la mañana.

Tienes reunión con tu jefe extranjero dentro de dos semanas.

Sabes que necesitas ponerte con el inglés, pero…

-Antes hay que mirar el correo urgente.
-Antes hay que responder un par de WhatsApps.
-Antes hay que hacer la compra.
-Antes hay que ver un vídeo en YouTube que te salió de repente: “10 trucos para hablar inglés como un nativo”.

Total, a las 22:00 de la noche sigues sin haber practicado.

Y te prometes que mañana será el gran día.

Spoiler: mañana tampoco.

Las excusas más comunes

“Ahora no tengo tiempo, ya en verano me apunto.”
“Hasta que no tenga más nivel, no me lanzo a hablar.”
“Mejor espero a que pase este proyecto en el trabajo.”

La verdad es que el momento perfecto nunca llega. Siempre hay un “después”.

La relación entre miedo y procrastinación

Lo mismo que decía Adam Grant en su estudio sobre creatividad se aplica aquí: no pospones por falta de tiempo, pospones por miedo.

-Miedo a sonar ridículo.
-Miedo a que te pregunten y no sepas qué contestar.
-Miedo a confirmar que después de tantos años estudiando, aún te trabas.

Entonces inventamos tareas “importantes” que en realidad son excusas elegantes para no enfrentarnos a ese miedo.

La importancia de la fecha límite

Tim Urban lo explica genial en su TED Talk: todos tenemos un mono de la gratificación instantánea dentro de la cabeza.

Ese mono prefiere mirar Instagram en lugar de practicar “small talk”.

Prefiere Netflix en lugar de un podcast en inglés.

El único que asusta al mono es el «Monstruo del Pánico.»

Ese que se despierta cuando la reunión con tu jefe es mañana.

Por eso muchos solo aprenden inglés de verdad cuando les ponen una fecha límite: un examen, una entrevista, una promoción laboral, un viaje.

Pero si quieres progresar sin sufrir, necesitas inventarte tu propia fecha límite.

Lo que realmente evitas

No evitas el inglés.
Evitas la incomodidad.

-La incomodidad de equivocarte.
-La incomodidad de sonar raro.
-La incomodidad de reconocer que llevas años “sabiendo gramática” pero sin atreverte a hablar.

El problema no es de tiempo, es de emoción.

Conclusión

La próxima vez que te escuches decir “ya empezaré”, pregúntate:

“Qué emoción estoy evitando ahora mismo?”

Y recuerda: el inglés no se aprende el día antes de la reunión.
Se aprende poco a poco, con práctica real, incluso aunque tu mono quiera otra cosa.

Hasta aquí la clase de hoy.

Mónica🎓

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Cómo diseñar tu estrategia para hablar inglés

Muchos profesionales se acercan a mí con la misma sensación:

Están perdidos.

Saben que necesitan mejorar su inglés, pero no tienen claro por dónde empezar.

  • ¿Es mejor centrarse en gramática o en conversación?
  • ¿Tomar clases particulares o unirse a un grupo?
  • ¿Ver series en versión original o hacer ejercicios de listening?
  • ¿Practicar con nativos, usar apps de IA, o apuntarse a un curso intensivo?
  • Ante tantas opciones, es fácil bloquearse.

Por eso quiero compartir contigo una guía práctica para aclarar qué estrategia seguir según tu situación.

La verdadera utilidad de las clases de inglés

Las clases son importantes, sí, pero no son la única pieza del puzzle.


Piensa en ellas como en un escaparate: te muestran recursos, técnicas y acompañamiento, pero la verdadera transformación ocurre cuando aplicas lo aprendido fuera del aula.

  • Si eres freelance o trabajas solo, basta con unas clases bien enfocadas a tu sector y mucha práctica diaria (15–20 min).

  • Si trabajas en una pyme o startup, además de clases, necesitas crear rutinas internas: reuniones cortas en inglés, correos sencillos, pequeños pasos que te expongan.

  • Si estás en una gran empresa, tu reto no será tanto empezar, sino mantener la constancia y ganar seguridad en reuniones internacionales.


La primera pregunta: ¿Te gusta hablar o te bloqueas?

Esto lo pregunto siempre en mis asesorías.


El inglés se basa en usar la voz personal.

  • Si disfrutas hablando, tienes una gran ventaja. El siguiente paso es pulir la pronunciación, ganar vocabulario específico y trabajar la fluidez. Con un buen coach, avanzarás rápido.

  • Si hablar te genera ansiedad, no pasa nada. Puedes empezar practicando en entornos seguros: con un profesor, con un compañero de confianza, o incluso grabándote a ti mismo. Lo importante es romper el bloqueo.

  • Si no lo tienes claro, prueba. Muchas veces descubrimos que el miedo desaparece con las primeras sesiones bien guiadas.


La segunda pregunta: ¿Cuál es tu nivel de exposición?

No todos parten del mismo lugar.

  • Si ya usas inglés en tu trabajo (aunque sea con fallos), captarás la atención con más facilidad. Basta con reforzar 1–2 veces por semana, y centrarte en sonar claro y natural, más que en ser perfecto.

  • Si apenas usas inglés o nunca lo has practicado con clientes, necesitarás más exposición real: 2–3 prácticas semanales, simulaciones, roleplays y escucha activa. El esfuerzo inicial es mayor, pero también lo son los resultados.


La matriz estratégica

Combinando estas dos variables (te gusta hablar o no / tu nivel de exposición actual) se abren cuatro caminos posibles:

  1. Te gusta hablar + ya te expones → Enfócate en pulir detalles.

  2. Te gusta hablar + apenas te expones → Necesitas práctica intensiva.

  3. No te gusta hablar + ya te expones → Trabaja la confianza y reduce errores.

  4. No te gusta hablar + apenas te expones → Empieza con un plan seguro y progresivo.


¿Y las demás opciones?

  • Apps y recursos online: útiles como complemento, pero no sustituyen la interacción real.

  • Cursos intensivos: pueden ayudarte a ganar impulso, pero sin continuidad lo aprendido se olvida.

  • Formación interna en empresas: fantástica si se diseña con un enfoque práctico, no solo académico.


Conclusión

Hablar inglés no es solo una cuestión de gramática, sino de estrategia.
La clave está en hacerte dos preguntas:

  1. ¿Me gusta hablar o me bloqueo?

  2. ¿Cuánta exposición real tengo ahora mismo?

A partir de ahí, podrás diseñar el camino que más te conviene.
Y recuerda: no importa tanto dónde empieces, sino que empieces.


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